FELIZ 23 AÑOS DE VIDA INSTITUCIONAL FORMANDO VIDAS
PARA UNA SOCIEDAD MEJOR.
HOMBRES Y MUJERES
PARA UNA CIVILIZACIÓN DEL AMOR.
ANIMO Y CONFIANZA EN EL FUTURO, QUE DIOS PASA SIEMPRE POR NUESTRAS VIDAS,
POR SUS VIDAS. GRACIAS HERMANAS
DE LA CARIDAD DE SANTA ANA.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
domingo, 14 de septiembre de 2008
El escritor es un ser sorprendido.
"Mi literatura nace de un empacho de asombro. El escritor es un ser sorprendido"
"La dificultad de expresar sentimientos conduce a la ruptura del párrafo, que está muy ligada también a la narrativa oral"
"Mi escritura es un proceso de recaptura mediante la memoria y de reelaboración mediante el oficio"
Con la publicación de Huerto cerrado, en 1968, se abría una nueva y sorprendente página en la literatura, sobre todo en la literatura que se escribe en español. En esa página, Alfredo Bryce Echenique ha ido trazando un personalísimo camino creativo que, partiendo de Perú, ha recorrido también otros continentes, a veces por las amplias avenidas de la memoria, a veces por los estrechos callejones del sentimiento, ahora yendo, luego regresando, teniendo siempre como única guía la propia sensibilidad y, como vehículo, ese estilo característico que hace creer a quien se deja llevar por él que es oyente de lo que lee.
Tras aquel primer libro de cuentos llegaron otros, pero llegaron también novelas, como Un mundo para Julius o ese memorable díptico en el que Martín Romaña navega por los mares de la imaginación y del sentimiento a bordo de un sillón Voltaire.
Bryce Echenique sigue escribiendo y se encuentra quizá en un momento de plena madurez literaria. El pasado 1995 ha sido para él un año muy fértil, sobre todo en el terreno editorial: el hito principal lo marca la publicación de su por ahora última novela No me esperen en abril (Anagrama); por otra parte, Espasa Calpe ha editado una antología de su narrativa bajo un título indudablemente cargado de sugerencias, Para que duela menos, interesante panorámica apoyada en un sólido estudio que, a modo de introducción, ha realizado el crítico Juan Ángel Juristo sobre la obra del escritor peruano; al acabar el año, aparecía además en el mercado el volumen Cuentos completos (Alfaguara), una recopilación de sus relatos y de otros textos muy característicos.
Resulta obvio decir, por tanto, que últimamente se ha hablado y se ha escrito mucho sobre la obra de Alfredo Bryce Echenique. Así que nuestra conversación en su casa de Madrid se planteó desde el principio como un abordaje a la figura del escritor y su proceso creativo, más que como repaso de sus ya numerosos libros publicados, desde la certeza, claro está, de que autor y obra no son fácilmente separables, y menos en este caso.
Acababa de volver a España después de pasar una temporada en los Estados Unidos como profesor invitado por la universidad de Yale. La charla se desarrolló sin prisa. Su actitud era a veces concentrada, hurtando la mirada apenas entrevista; otras veces divertida, con una risa más guasona que alegre. Su voz, pausada, fluyendo bajo la visera de un bigote muy poblado, parecía provenir de muy adentro.
- Hay quien escribe por necesidades de expresión y quien lo hace con el objetivo de vivir de la literatura; otros incluso ansían la fama y la inmortalidad. ¿Cuál es su caso?
- Uno escribe por necesidad. Lo hago porque me gusta, porque me encuentro cómodo en ello. Desde niño fui siendo conducido a la conciencia de que lo que deseaba era escribir, antes de desear ser escritor, y después fui asumiendo el oficio con todas sus consecuencias. Siento la necesidad de hacerlo, constantemente pienso en ello; en fin, es algo que está ligado totalmente a mí y ya una parte importantísima de mi vida es escribir. Le he dedicado muchos años e incluso mucho trabajo extraliterario. El hecho mismo de haberme venido a Europa y haber dado clase en colegios y universidades por aquí y por allá era probablemente porque no pensé nunca que la literatura era un oficio que me iba a dar de comer. Si eso lo he conseguido al cabo de los años, es un resultado pero no es una búsqueda. En cuanto a la gloria y la fama, no van mucho con mi carácter.
- ¿De qué se nutre? De la memoria, la imaginación, las musas, la literatura ajena, el buen oído...
- Yo creo que la memoria influye mucho en lo que escribo, es un proceso de recaptura mediante la memoria y de reelaboración mediante el oficio, el trabajo, la imaginación. No creo que deje nada a las musas, las musas son el trabajo y nada más. Y sí, en mi vida hay dos tipos de experiencia que se marcan en la literatura: la vital, la que me ha dado el ser quien soy y como soy, mis viajes, mi estancia en distintos países, mis recuerdos de Perú, mis recuerdos de Europa, los muchos años que llevo ya por aquí; y la otra experiencia, que yo creo que es muy importante, es la cultural, el hecho de haber sido durante mucho tiempo profesor universitario y haberme dedicado a la cultura latinoamericana, no solamente a la literaria, sino a la sociológica, a la política, etcétera. Y haber leído tanto. Es importantísima para mí la literatura; en los momentos en que escribo leo mucha novelística y literatura en general. La literatura de los demás me ha servido mucho, me ha estimulado. Una buena novela es un gran acicate para una persona que está escribiendo; tal vez lo sea para mí en particular, porque siempre he sido un escritor más intuitivo y emotivo que racional: necesito estímulos -que suelen venir de los libros, de la grandeza de la obra de otro- que me hagan sentir que también yo quiero escribir, que me justifiquen un poco. Nunca he sido demasiado profesional, en el sentido frío del término, necesito estímulos afectivos para escribir y llego a establecer relaciones muy afectivas con determinados libros. Hay escritores importantes a los que uno vuelve siempre: esta mañana estaba leyendo unas cosas de Stendhal, por ejemplo; este otoño que he pasado en Estados Unidos he leído mucho a Rabelais y a otros clásicos franceses y todo eso me espolea. Hay algunos estimulantes seguros, como Cervantes, pero también los hay imprevistos, porque de repente puede caer en tus manos una buena novela de algún joven, de algún amigo, y eso también es un estímulo.
"La dificultad de expresar sentimientos conduce a la ruptura del párrafo, que está muy ligada también a la narrativa oral"
"Mi escritura es un proceso de recaptura mediante la memoria y de reelaboración mediante el oficio"
Con la publicación de Huerto cerrado, en 1968, se abría una nueva y sorprendente página en la literatura, sobre todo en la literatura que se escribe en español. En esa página, Alfredo Bryce Echenique ha ido trazando un personalísimo camino creativo que, partiendo de Perú, ha recorrido también otros continentes, a veces por las amplias avenidas de la memoria, a veces por los estrechos callejones del sentimiento, ahora yendo, luego regresando, teniendo siempre como única guía la propia sensibilidad y, como vehículo, ese estilo característico que hace creer a quien se deja llevar por él que es oyente de lo que lee.
Tras aquel primer libro de cuentos llegaron otros, pero llegaron también novelas, como Un mundo para Julius o ese memorable díptico en el que Martín Romaña navega por los mares de la imaginación y del sentimiento a bordo de un sillón Voltaire.
Bryce Echenique sigue escribiendo y se encuentra quizá en un momento de plena madurez literaria. El pasado 1995 ha sido para él un año muy fértil, sobre todo en el terreno editorial: el hito principal lo marca la publicación de su por ahora última novela No me esperen en abril (Anagrama); por otra parte, Espasa Calpe ha editado una antología de su narrativa bajo un título indudablemente cargado de sugerencias, Para que duela menos, interesante panorámica apoyada en un sólido estudio que, a modo de introducción, ha realizado el crítico Juan Ángel Juristo sobre la obra del escritor peruano; al acabar el año, aparecía además en el mercado el volumen Cuentos completos (Alfaguara), una recopilación de sus relatos y de otros textos muy característicos.
Resulta obvio decir, por tanto, que últimamente se ha hablado y se ha escrito mucho sobre la obra de Alfredo Bryce Echenique. Así que nuestra conversación en su casa de Madrid se planteó desde el principio como un abordaje a la figura del escritor y su proceso creativo, más que como repaso de sus ya numerosos libros publicados, desde la certeza, claro está, de que autor y obra no son fácilmente separables, y menos en este caso.
Acababa de volver a España después de pasar una temporada en los Estados Unidos como profesor invitado por la universidad de Yale. La charla se desarrolló sin prisa. Su actitud era a veces concentrada, hurtando la mirada apenas entrevista; otras veces divertida, con una risa más guasona que alegre. Su voz, pausada, fluyendo bajo la visera de un bigote muy poblado, parecía provenir de muy adentro.
- Hay quien escribe por necesidades de expresión y quien lo hace con el objetivo de vivir de la literatura; otros incluso ansían la fama y la inmortalidad. ¿Cuál es su caso?
- Uno escribe por necesidad. Lo hago porque me gusta, porque me encuentro cómodo en ello. Desde niño fui siendo conducido a la conciencia de que lo que deseaba era escribir, antes de desear ser escritor, y después fui asumiendo el oficio con todas sus consecuencias. Siento la necesidad de hacerlo, constantemente pienso en ello; en fin, es algo que está ligado totalmente a mí y ya una parte importantísima de mi vida es escribir. Le he dedicado muchos años e incluso mucho trabajo extraliterario. El hecho mismo de haberme venido a Europa y haber dado clase en colegios y universidades por aquí y por allá era probablemente porque no pensé nunca que la literatura era un oficio que me iba a dar de comer. Si eso lo he conseguido al cabo de los años, es un resultado pero no es una búsqueda. En cuanto a la gloria y la fama, no van mucho con mi carácter.
- ¿De qué se nutre? De la memoria, la imaginación, las musas, la literatura ajena, el buen oído...
- Yo creo que la memoria influye mucho en lo que escribo, es un proceso de recaptura mediante la memoria y de reelaboración mediante el oficio, el trabajo, la imaginación. No creo que deje nada a las musas, las musas son el trabajo y nada más. Y sí, en mi vida hay dos tipos de experiencia que se marcan en la literatura: la vital, la que me ha dado el ser quien soy y como soy, mis viajes, mi estancia en distintos países, mis recuerdos de Perú, mis recuerdos de Europa, los muchos años que llevo ya por aquí; y la otra experiencia, que yo creo que es muy importante, es la cultural, el hecho de haber sido durante mucho tiempo profesor universitario y haberme dedicado a la cultura latinoamericana, no solamente a la literaria, sino a la sociológica, a la política, etcétera. Y haber leído tanto. Es importantísima para mí la literatura; en los momentos en que escribo leo mucha novelística y literatura en general. La literatura de los demás me ha servido mucho, me ha estimulado. Una buena novela es un gran acicate para una persona que está escribiendo; tal vez lo sea para mí en particular, porque siempre he sido un escritor más intuitivo y emotivo que racional: necesito estímulos -que suelen venir de los libros, de la grandeza de la obra de otro- que me hagan sentir que también yo quiero escribir, que me justifiquen un poco. Nunca he sido demasiado profesional, en el sentido frío del término, necesito estímulos afectivos para escribir y llego a establecer relaciones muy afectivas con determinados libros. Hay escritores importantes a los que uno vuelve siempre: esta mañana estaba leyendo unas cosas de Stendhal, por ejemplo; este otoño que he pasado en Estados Unidos he leído mucho a Rabelais y a otros clásicos franceses y todo eso me espolea. Hay algunos estimulantes seguros, como Cervantes, pero también los hay imprevistos, porque de repente puede caer en tus manos una buena novela de algún joven, de algún amigo, y eso también es un estímulo.
jueves, 4 de septiembre de 2008
Desenchufado aún!!
A estas alturas del partido se podría decir que sigo desenchufado.
Aún sin tiempo especial como para poner algo más interesante aqui.
Espero volver pronto, Dios mediante.
Trujillo, Setiembre del 2008
Aún sin tiempo especial como para poner algo más interesante aqui.
Espero volver pronto, Dios mediante.
Trujillo, Setiembre del 2008
jueves, 26 de junio de 2008
aprehender a fiarme de Dios
Hoy escuché calladamente a una mujer que lucha por su vida y da gracias a Dios por cada segundo que le permite existir; cada segundo que puede respirar, aunque incomodamente, pero para ella eso es bastante y demasiado, para un diagnóstico de vida de seis meses, y que ahora goza de dos años, inexplicablemente para los médicos pero no para ella que tiene cancer pulmonar, y sabe que ahora está haciendo la llamada: metástasis.
Con esfuerzo en el hablar, pues le cansa pronunciar palabras, ella es feliz compartiendome su experiencia de Dios, de cómo él la tiene con vida para dejar boquiabierto a los "galenos" de los nosocomios. Su esposo sufre con ella al verla, el escucharle quejarse calladamente, el ver que se apaga y se enciende como una vela que llega a su fin pero no sabes cuando, cuidandole que no pierda, en la medida de lo posible, su escasa cera.
Yo sólo contemplaba atento su vida, su hablar, pues nunca antes había sentido la vida pender de tan poco. Preguntarse sobre lo que Dios puede querer con esto, desear con esto, en esta situación es dificil ponerlo en palabras reales y claras. El tiempo se me iba rápido como si a saltos el minutero fuera.
Excelentes cosas escuché, la sentía y ella se expresaba sin miedo a nada ni a nadie, sólo con la confianza puesta en Dios una y mil veces, sin miedo a la muerte, con la tarea cumplida. Pensé en tantas personas que temen a la muerte y se aferran a la vida sin tener las cosas poco claras, ella aparecía aferrada sólo a Dios y por eso podía decir muy bien lo que decía con seguridad.
Transcribir a palabras pierde mucho la experiencia que he vivido, sé que ayuda a mis pocos años e ignorantes días de esta vida mía en el mundo; pues sencillas y profundas experiencias hacen la vida mejor y más honda.
Después del sacramento de la Unción y rezar, acepté un café decidiendome aprender a fiarme mejor de Dios.
Con esfuerzo en el hablar, pues le cansa pronunciar palabras, ella es feliz compartiendome su experiencia de Dios, de cómo él la tiene con vida para dejar boquiabierto a los "galenos" de los nosocomios. Su esposo sufre con ella al verla, el escucharle quejarse calladamente, el ver que se apaga y se enciende como una vela que llega a su fin pero no sabes cuando, cuidandole que no pierda, en la medida de lo posible, su escasa cera.
Yo sólo contemplaba atento su vida, su hablar, pues nunca antes había sentido la vida pender de tan poco. Preguntarse sobre lo que Dios puede querer con esto, desear con esto, en esta situación es dificil ponerlo en palabras reales y claras. El tiempo se me iba rápido como si a saltos el minutero fuera.
Excelentes cosas escuché, la sentía y ella se expresaba sin miedo a nada ni a nadie, sólo con la confianza puesta en Dios una y mil veces, sin miedo a la muerte, con la tarea cumplida. Pensé en tantas personas que temen a la muerte y se aferran a la vida sin tener las cosas poco claras, ella aparecía aferrada sólo a Dios y por eso podía decir muy bien lo que decía con seguridad.
Transcribir a palabras pierde mucho la experiencia que he vivido, sé que ayuda a mis pocos años e ignorantes días de esta vida mía en el mundo; pues sencillas y profundas experiencias hacen la vida mejor y más honda.
Después del sacramento de la Unción y rezar, acepté un café decidiendome aprender a fiarme mejor de Dios.
domingo, 22 de junio de 2008
No tener miedo a equivocarse. ¡EQUIVOCATE!
Sé que hoy no es jueves, sin embargo me apremia este artículo del conocido, por algunos, Sr. Coehlo. Leo y me resulta muy interesante, por eso lo comparto contigo que puedes leer estas palabras, para que te animes a dar pasos en todo lo loable que hagas y quieras hacer. Que las palabras y/o frases resaltadas abajo en el texto te ayuden para que puedas "equivocarte" y transformes el mundo. Creéme no estás sólo en esto.
El acto de escribir y el lector (título original)
Por Paulo Coelho. Escritor http://www.paulocoelhoblog.com/
"Hay dos tipos de escritores: unos hacen pensar, y otros hacen soñar", dice Brian Aldiss, que durante mucho tiempo me hizo soñar con sus libros de ciencia ficción. Pensando en su frase y en mi oficio, resolví escribir unas tres columnas sobre el tema. Me parece, en principio, que todos los seres humanos de este planeta tienen por lo menos una buena historia que contar a sus semejantes. Recojo a continuación mis reflexiones sobre algunos elementos importantes en el proceso de creación de un texto.
EL LECTOR
Todo escritor debe ser, antes que nada, un buen lector. Quien se aferra a los libros académicos y no lee lo que escriben los demás (y no me refiero solo a libros, sino también a blogs, columnas de periódicos, etc.) nunca llegará a conocer sus propias cualidades y defectos.
Por lo tanto, antes de comenzar cualquier cosa, debes buscar a personas interesadas en compartir sus experiencias mediante la palabra.
Yo no digo: "Acércate a otros escritores", sino: encuentra a personas con diferentes habilidades, porque escribir no se diferencia de cualquier actividad realizada con entusiasmo.
Tus aliados no serán necesariamente aquellas personas a las que todos miran, deslumbrados, y afirman: "Es el mejor". Muy al contrario: es gente que no tiene miedo de equivocarse y que, por eso mismo, se equivoca. Por la misma razón, no siempre se reconoce su trabajo. Pero estas son las personas que transforman el mundo, y que, después de muchos errores, logran algún acierto que revoluciona para bien la vida de su comunidad.
Son personas que no consiguen estar de brazos cruzados, esperando que las cosas sucedan, para poder después decidir cuál es la mejor manera de contarlo: van decidiendo a medida que actúan, incluso sabiendo que eso puede ser muy arriesgado.
Convivir con este tipo de personas es importante para un escritor, porque este debe entender que, antes de ponerse frente al papel, debe ser lo bastante libre como para cambiar de dirección a medida que su imaginación viaja. Después de escribir una frase, debe poder decirse a sí mismo: "Mientras escribía, recorrí un largo camino, y ahora concluyo este párrafo con la conciencia de que arriesgué lo necesario, y di lo mejor de mí mismo".
Los mejores aliados son los que no piensan como los demás. Por eso, mientras buscas a tus no siempre visibles compañeros (pues raramente se produce el encuentro entre el lector y el escritor), haz de creer en tu intuición y no le prestes oídos a los comentarios ajenos. Las personas siempre juzgan a los otros con el modelo de sus propias limitaciones, y a veces la opinión de la comunidad está llena de prejuicios y miedos.
Únete a los que nunca dijeron: "Hasta aquí he llegado, no puedo seguir". Porque de la misma manera que al invierno lo sigue la primavera, nada puede parar: tras alcanzar el objetivo es necesario recomenzar, usando siempre todo lo aprendido en el trayecto.
Únete a los que cantan, cuentan historias, disfrutan de la vida, y tienen alegría en los ojos. Porque la alegría es contagiosa e impide siempre que las personas se dejen paralizar por la depresión, por la soledad, y por las dificultades.
Y cuenta tu historia, aunque solo sea para que la lea tu familia.
El acto de escribir y el lector (título original)
Por Paulo Coelho. Escritor http://www.paulocoelhoblog.com/
"Hay dos tipos de escritores: unos hacen pensar, y otros hacen soñar", dice Brian Aldiss, que durante mucho tiempo me hizo soñar con sus libros de ciencia ficción. Pensando en su frase y en mi oficio, resolví escribir unas tres columnas sobre el tema. Me parece, en principio, que todos los seres humanos de este planeta tienen por lo menos una buena historia que contar a sus semejantes. Recojo a continuación mis reflexiones sobre algunos elementos importantes en el proceso de creación de un texto.
EL LECTOR
Todo escritor debe ser, antes que nada, un buen lector. Quien se aferra a los libros académicos y no lee lo que escriben los demás (y no me refiero solo a libros, sino también a blogs, columnas de periódicos, etc.) nunca llegará a conocer sus propias cualidades y defectos.
Por lo tanto, antes de comenzar cualquier cosa, debes buscar a personas interesadas en compartir sus experiencias mediante la palabra.
Yo no digo: "Acércate a otros escritores", sino: encuentra a personas con diferentes habilidades, porque escribir no se diferencia de cualquier actividad realizada con entusiasmo.
Tus aliados no serán necesariamente aquellas personas a las que todos miran, deslumbrados, y afirman: "Es el mejor". Muy al contrario: es gente que no tiene miedo de equivocarse y que, por eso mismo, se equivoca. Por la misma razón, no siempre se reconoce su trabajo. Pero estas son las personas que transforman el mundo, y que, después de muchos errores, logran algún acierto que revoluciona para bien la vida de su comunidad.
Son personas que no consiguen estar de brazos cruzados, esperando que las cosas sucedan, para poder después decidir cuál es la mejor manera de contarlo: van decidiendo a medida que actúan, incluso sabiendo que eso puede ser muy arriesgado.
Convivir con este tipo de personas es importante para un escritor, porque este debe entender que, antes de ponerse frente al papel, debe ser lo bastante libre como para cambiar de dirección a medida que su imaginación viaja. Después de escribir una frase, debe poder decirse a sí mismo: "Mientras escribía, recorrí un largo camino, y ahora concluyo este párrafo con la conciencia de que arriesgué lo necesario, y di lo mejor de mí mismo".
Los mejores aliados son los que no piensan como los demás. Por eso, mientras buscas a tus no siempre visibles compañeros (pues raramente se produce el encuentro entre el lector y el escritor), haz de creer en tu intuición y no le prestes oídos a los comentarios ajenos. Las personas siempre juzgan a los otros con el modelo de sus propias limitaciones, y a veces la opinión de la comunidad está llena de prejuicios y miedos.
Únete a los que nunca dijeron: "Hasta aquí he llegado, no puedo seguir". Porque de la misma manera que al invierno lo sigue la primavera, nada puede parar: tras alcanzar el objetivo es necesario recomenzar, usando siempre todo lo aprendido en el trayecto.
Únete a los que cantan, cuentan historias, disfrutan de la vida, y tienen alegría en los ojos. Porque la alegría es contagiosa e impide siempre que las personas se dejen paralizar por la depresión, por la soledad, y por las dificultades.
Y cuenta tu historia, aunque solo sea para que la lea tu familia.
jueves, 19 de junio de 2008
De Viaje (ahora tú)
Tú de viaje vas a otro lugar,
pero cada vez más cerca tú estás,
pronto tu silueta veré con claridad,
cuando te vea tú a mi volverás!
De Viaje
Sin Bandera
En este viaje que cada mañana
Lleno de sueños comienzo en la cama
Soy un turista que veces no entiende
El raro idioma en que me habla la gente.
Tantas aduanas entre unos y otros
Tantas fronteras volviendonos locos
Hay tantas nubes entre las miradas
Que aunque nos vemos nunca vemos nada.
He visto ruinas de sueños caidos
Mares de fe en desiertos de olvido
Y cuando mas me encontraba perdido
Un mapa de mi me entregaste tu.
Continuemos el viaje los dos
Mismo cielo misma habitacion
Ya no voy a buscar eres tu el lugar que soñe
De viaje te amare.
Perdi mi tren por quedarme dormido
En el hotel de creerme vencido
Corri las calles del valor perdido
Pense que el viaje no tenia sentido.
He visto ruinas de sueños caidos
Mares de fe en desiertos de olvido
Y cuando mas me encontraba perdido
Un mapa de mi me entregaste tu.
Continuemos el viaje los dos
Mismo cielo misma habitacion
Ya no voy a buscar eres tu el lugar que soñe
De viaje te amare.
pero cada vez más cerca tú estás,
pronto tu silueta veré con claridad,
cuando te vea tú a mi volverás!
De Viaje
Sin Bandera
En este viaje que cada mañana
Lleno de sueños comienzo en la cama
Soy un turista que veces no entiende
El raro idioma en que me habla la gente.
Tantas aduanas entre unos y otros
Tantas fronteras volviendonos locos
Hay tantas nubes entre las miradas
Que aunque nos vemos nunca vemos nada.
He visto ruinas de sueños caidos
Mares de fe en desiertos de olvido
Y cuando mas me encontraba perdido
Un mapa de mi me entregaste tu.
Continuemos el viaje los dos
Mismo cielo misma habitacion
Ya no voy a buscar eres tu el lugar que soñe
De viaje te amare.
Perdi mi tren por quedarme dormido
En el hotel de creerme vencido
Corri las calles del valor perdido
Pense que el viaje no tenia sentido.
He visto ruinas de sueños caidos
Mares de fe en desiertos de olvido
Y cuando mas me encontraba perdido
Un mapa de mi me entregaste tu.
Continuemos el viaje los dos
Mismo cielo misma habitacion
Ya no voy a buscar eres tu el lugar que soñe
De viaje te amare.
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